El vaso medio lleno, siempre


Siguiendo con la fórmula del optimismo empresarial, una firma norteamericana de publicidad ha elaborado un video sobre nuestro país, en el que se dibuja una España más cercana a la realidad de lo que en los últimos años nos están haciendo creer. El video ha conseguido más de un millón de reproducciones. Sólo desde el optimismo saldremos adelante, lo vengo diciendo hace mucho tiempo, pero hay que recordarlo día a día. Hay que alimentar la esperanza desde el positivismo y esta creación es un claro ejemplo de ello. Nosotros mismos no nos damos cuenta de lo que este país significa y de lo que tenemos. Recordémoslo.

Optimismo para 2013


La difícil situación actual nos impide ver la realidad, y la realidad es que todo está cambiando de manera vertiginosa. Hoy más que nunca se puede aplicar aquello de que “los árboles no nos dejan ver el bosque”. Pero a pesar de todo, del sufrimiento diario, de las constantes noticias que deterioran nuestra confianza en el sistema, de la escasa calidad de la clase política que cada mañana nos despierta con un episodio más reprochable que el anterior, lo cierto es que en este país de nuestras entretelas hay una gran mayoría de ciudadanos, trabajadores y empresarios, que luchan cada día como si fuese el último por sacar adelante sus empresas y sus economías domésticas.

Y eso es lo que nos tiene que llenar de optimismo para el 2013. Sólo el esfuerzo de la sociedad nos sacará adelante. Nada más, ningún gobierno, ni ninguna política económica lo harán. Y está en las manos de todos.

Nuestro despacho es visitado constantemente por personas que están peleando, que luchan sin descanso, pero que necesitan nuestra ayuda, unos para crecer y otros para no caer en el abismo. Pero todos pelean, a su manera, dentro de la legalidad, y de la ilusión por fortalecer un proyecto empresarial o personal. Cuando recibes esa energía positiva te das cuenta de que lo importante  está ahí, en el espíritu emprendedor, en el sacrificio personal, en la búsqueda del camino correcto. Y eso, vuelvo a decir, es lo que nos debe llenar de optimismo para 2013.

Personalmente, estoy convencido de que el año que empieza puede ser un año estupendo, si todos tenemos esa convicción y si dejamos de esperar que alguien nos solucione el problema. Hagamos, construyamos, olvidémonos del año pasado y del anterior, y del otro, y extraigamos los aspectos positivos de todos ellos que, sin duda, los ha habido en cada una de nuestras historias personales y profesionales. OPTIMISMO, es la palabra y es el concepto que debemos desarrollar: el empresario, porque se puede cambiar el rumbo, aunque resulte duro y traumático, y se deban olvidar algunos planteamientos grandilocuentes del pasado; el trabajador, porque existe una gran mayoría de empresas que son honradas y tratan al empleado con la dignidad que merece, y porque, en última instancia, existe la opción del emprendimiento, que supone una aventura vital, pero una aventura extraordinaria al fin y al cabo.

Creamos en nosotros mismos, en nuestras ideas, es el momento de la iniciativa, de los valientes, y de los luchadores. En todos los sentidos y en el área laboral y empresarial, más que nunca. Tenemos 365 días por delante para embarcarnos en la solución y para dejar atrás actitudes mediocres y acomodadas. Démosle un uso adecuado a este año, desde hoy, sólo está en nuestras manos. El pesimismo y la autocomplacencia no conducen a nada. Seamos positivos el ejercicio que ahora empieza y comprobaremos el resultado.

 Feliz 2013

Hagamos algo por nuestra sociedad


Llevo meses observando el deterioro económico y, sobre todo, anímico, que está estrangulando a nuestro tejido empresarial. Era un deterioro progresivo y paulatino hasta hace tres meses, en el que nuestra sociedad viajaba, como dentro de una burbuja que nos iba dirigiendo por inercia a una situación cada vez peor. Pero tengo la impresión de que ese lento descenso a los infiernos se ha convertido desde hace poco tiempo en una caída vertiginosa. Es una sensación en la que han coincidido varias personas cuya opinión he tenido la oportunidad de pulsar en la última semana.

Creo que esta percepción es cierta. Es una realidad de la que no nos vamos a poder escapar, pero es más cierto que los profesionales de este país tenemos algo que hacer ante ella. La sociedad española y su tejido empresarial necesitan nuestra ayuda. No es momento de lamentarse, ni de criticar, porque la política vale para lo que vale, pero jamás ningún partido político nos sacará de nuestro infierno particular. Es momento de hacer, de colaborar, de trabajar más que nunca y de servir de apoyo a todo ese mundo empresarial que está atravesando una situación crítica.

Como profesionales dedicados al mundo de la empresa, debemos ser el apoyo imprescindible de nuestros empresarios, olvidándonos de matices políticos. Hoy más que nunca nos necesitan, y hemos de estar a su lado. No podemos limitarnos a hablar con ellos de los impuestos, de las nóminas, de las reclamaciones judiciales que nos encargan. Esa es una estrategia ramplona, del siglo veinte. Es el pasado de los despachos profesionales. Nosotros, hoy, estamos obligados a más. Nuestro trabajo es estar a su lado, entenderles y aconsejarles.

Pero en esta difícil situación también debemos estar al lado de los más desfavorecidos, al lado de los trabajadores, debemos ser nosotros quienes pongamos la cordura que falta en este momento de crisis.

Es un error mayúsculo analizar este momento histórico en términos de enfrentamiento entre empresariostrabajadores. Las dos partes tienen razones más que justificadas para la queja, pero los dos han de poner de su parte un esfuerzo mayúsculo, excepcional porque el momento lo requiere. Ambos son parte de un engranaje. Sin el emprendedor o sin el trabajador, la función no se puede representar.

Es cierto que no estamos ante una época de cambio, sino ante un cambio de época. Todo se está trasformando a nuestro alrededor, pero estar dentro del torbellino no nos permite verlo. Pasados unos años echaremos la vista atrás y lo comprobaremos. Las estructuras del siglo veinte y principios del veintiuno han quedado obsoletas; las formas de hacer negocios también; los métodos de trabajo, las formas de retribución, todo va a cambiar sin darnos cuenta. Y hemos de asumirlo desde este momento. Pero al mismo tiempo, estoy convencido de que la trasformación será plenamente positiva, y nuestra sociedad saldrá fortalecida de esta crisis si sabemos mantener los valores que la han hecho fuerte, y la cultura del esfuerzo.

Nuestro despacho está convencido de ello, y creemos que hemos de aportar a la sociedad nuestra colaboración; estamos obligados. Debemos ser consecuentes con la situación, y colaborar en el desarrollo de iniciativas que persigan terminar con la atonía y la desmotivación existentes. Es el esfuerzo de todos, la participación en proyectos ilusionantes, y la convicción absoluta de que esta idea es la correcta, lo que debe mover los resortes necesarios. No hay que olvidar que la humanidad se ha movido siempre por estímulos de superación personal y colectiva, y eso no va a cambiar. Es desde ese espíritu desde donde vamos a salir adelante, desde donde el cambio se va a impulsar.

Todos tenemos que hacer algo por nuestra sociedad. Algo que hasta ahora jamás hubiésemos pensado en hacer. Hagamos que nuestro trabajo sea algo valioso para los demás, olvidándonos de elementos crematísticos. Debemos dar. Ya no vale sólo recibir. Debemos dar, para construir entre todos. Sólo en la certeza de que lo que hacemos sirva para mejorar la sociedad, para ayudar en algo a salir de esta situación, estaremos bien pagados. Reflexionemos sobre elloy pongámonos manos a la obra.

Fusiónate y crece


En los tiempos que corren, creer que uno solo va a ser capaz de sacar adelante la ardua tarea de superar la situación por la que atraviesa su empresa resulta, cuando menos, atrevido.

Evidentemente, el esfuerzo lo tiene que poner uno mismo, las ideas y los proyectos pueden ser propios, pero la mayoría de las empresas de nuestro país atraviesan un largo desierto que tiene que ver con la práctica desaparición del consumo privado, y no digamos nada si el consumo que mantiene nuestro barco es el generado por entidades públicas.

Por eso es tan importante en estos momentos valorar la participación que nos llega de fuera. El crecimiento individual, entendido como el de cada empresa, es realmente difícil de lograr. Resulta complicado incrementar el volumen de negocio por medios naturales, por la indicada falta de consumo, y porque los recortes en gastos generales traen como efecto secundario en muchas ocasiones, el consiguiente descenso en las ventas. Por eso es necesario mantener amplitud de miras, observar alrededor el funcionamiento de la competencia, adecuarse al mercado y valorar seriamente la posibilidad de crecer con alguien de la mano, de incrementar volumen de negocio por la vía de la fusión, de la unión temporal, de la joint venture o de la simple colaboración. Son momentos para pensar en crecer; en no estancarse; en no anquilosar nuestro modelo de negocio, en ser más eficiente aun a costa de sacrificar parcelas de poder que, en ocasiones, es lo que lleva al empresario a rechazar propuestas de unión-fusión. Hay que ser más grande y más rápido: grande para soportar mejor las embestidas del des-consumo; y rápido para afrontar con más facilidad las oleadas del cambio y la transformación del sistema que estamos viviendo. Fusiónate, en el sentido tradicional de la palabra, no en el jurídico. Si luego la forma legal debe ser la de una fusión, ya se verá, pero crece, amplía, desarrolla tu negocio hasta en aquellas parcelas que te puedan parecer ajenas; es el momento de hacerlo. Ahora o nunca, porque de lo contrario, quizás dentro de un año tu empresa ya no esté. Mira a tu competencia de hoy como a tu socio de mañana; es más posible de lo que puedes llegar a pensar. Probablemente él está en tu misma situación, buscando aliados, soluciones, salidas a su propia y difícil crisis. Es un momento para crecer juntos, para crear sinergias, esa palabra tan denostada: para aprovechar, en fin, lo que el otro hace bien, y tú haces mal. Es el momento de la eficiencia y no del ramplón descenso de márgenes; es el momento de los empresarios.

DISCURSO DE STEVE JOBS, UN EJEMPLO DE MOTIVACIÓN


La muerte de Steve Jobs ha recordado el discurso que ofreció en Stanford en 2005, un ejemplo de esfuerzo y de motivación para los jóvenes y para los emprendedores. Son quince minutos en los que Jobs cuenta tres historias, en las que resume sus vivencias más interesantes. Vale la pena ocupar ese tiempo en disfrutar de él.